Primer capítulo de la próxima novela (pastillas para no soñar)

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Nuestro protagonista se llama Oscar, una persona aparentemente anodina y desconectada del mundo que lo rodea.

Una tarde de lluvia (una de tantas que
bañan su ciudad natal); está arrebujado en su sillón favorito, viendo la T.V. sin prestar atención a lo que están echando. La vista absorta en
la página del libro de turno; está vez, toco una novela que transcurre en mundos lejanos, desconocidos, creados por la imaginación de otro soñador
atrevido y descarado.

Sin darse cuenta, un instante es suficiente contenedor para su inquieta imaginación. Deja el libro, de titulo incierto;
y juega a vislumbrar los seres que habitan en esos perdidos planetas.

Altos, bajos, gordos, delgados, amarillos, con la piel adornada de
lunares, azules, rojos, con crestas, a cuatro patas, bondadosos, necios, buenos, malvados…

Hasta les pone nombres a algunos. Fantasea con ser
amigo de un joven Tuidde, de nombre Bernni; aprendiz de cadete de 4ª en la granestrella negra de la nueva república galáctica. Si, un simple aprendiz, ya que tan sólo cuenta con 16 Hectroanhos luminoslos. Oscar, sin moverse del sillón, viaja las distancias inimaginables que los separan.

-Bernni, llegas tarde: 2 aviso en tan sólo 3 semanas de entrenamiento en la granestrella negra. Te recuerdo que, uno más en los 4 primeros meses de instrucción, y serás expulsado de tú mejor oportunidad de ingresar, algún día, a formar parte del cuerpo de los “guardianes negros”.

-Si, señor; a sus ordenes señor. Gracias por preocuparse por mí futuro, señor: ciertamente mí sueño es convertirme en capitán de los “ guardianes negros”, y así proteger a nuestro amado ”Jegaz”.

-Ja, ja, ja… tranquilo hijo, tranquilo. Suerte tendrá un Tuidde de tú clase, sí consigue sobrevivir entre tantos hombres dignos de ingresar. No sé como tienes tan poca vergüenza de, tan siguiera, atreverte a competir contra ellos. Ojalá cometas pronto esa falta, que nos permitirá perderte de vista de una maldita vez.

-Si, señor; vuestras palabras son, como música alentadora para mis pabellones auditivos…

-Lárgate cagando leches, piltrafilla. Antes de que cambie mí buen humor.

De pronto, toda esa distancia es recorrida en milésimas de segundo, y Oscar reaparece sentado en el sillón de su habitación. Justo a tiempo para escuchar la llamada de su madre.

-Oscarrr, a comer; no te vuelvo a llamar.

Era el mediano de 3; Susi y Nicolás se llamaban respectivamente sus hermanos.

Ella, a sus recién cumplidos 30 años, acababa de empezar a salir con uno de los integrantes del consejo de una multinacional farmacéutica, llamada “la receta de T.O.R.”

A Oscar no le gustaba él tipo. Se preguntaba como había conseguido semejante puesto en la tremenda empresa –aunque se temía, sabía esa respuesta-; él todo poderoso Raphaell Triippoli, antiguo mafioso, convertido, de la noche a la mañana en magnate farmacéutico. Y así, conseguir blanquear más fácilmente el dinero “ganado” con su otra ocupación “empresarial”.

Él novio de su hermanita, único hijo (al menos, reconocido de “Don Raphaell”), él tal Raphaellin. Alto, fuerte, ojos azules, rubio, atlético (fue capitán del equipo de fútbol de su instituto). Etapa longevísima, ya que, había cogido tanto gusto al asunto que lo acabo con la bonita cifra de 28 años.

Ahora, a sus 31 añitos recién cumplidos; esos 3 últimos años los había pasando “saltando” de piso en piso, por los hogares de los contactos de “papá Triippoli”, dispersos por media Europa.

Oscar no se acababa de tragar esa “imagen” que se afanaba en proyectar. Aunque la diferencia de edad, con respeto a “la Su” era bastante grande, Oscar y ella, tenían un vinculo especial.

Fanática de los deportes (de p equeña, había formado parte del equipo femenino de baloncesto de su colegio); solían quedar después de sus clases, para irse a jugar al fútbol.

-Vamos Oscar, no seas tan “mamóncete”. ¿Por qué dices que no te gusta Y’aluka (Raphaellin), para los amigos, sí es encantador contigo?

-No lo sé “Su”, no me da buena espina, no me gusta para mí hermanita.

-¿Que le ves?

-¿La verdad?

-Claro, ¿y eso, a que viene?

-Ok, vale… lo veo demasiado “perfecto”; como sí, representarse continuamente un papel. No sé como decirte, es como sí, tuviese algo que esconder; ya sé que, al fin y al cabo… el “malo” es el padre. Pero “Su”…, ¡ojalá me equivoque!.

-Ja, ja, ja… hermanito. Porqué fui al hospital a verte, cuando naciste; y te tenía mama en brazos; aun así… aun dudo que seas mí hermano pequeño.

-En serio “Su”…

-Déjalo ya!!!

-Vale, como prefieras… me preguntaste tú.

-Prométeme una cosa. Qué intentaras llevarte mejor con él.

-“Su”. Te prometo que, lo seguiré intentando, ¿ok?

-Supongo…

-Y tú, prométeme qué… iras despacio y con cuidado.

-Ay!!!, Oscarin, Oscarin… eres un “caso perdido”. Pero… te quiero mucho, “mamóncete”. Anda, recoge que, se nos hizo algo tarde… vamos a cenar.

Llegaron a casa, la mesa puesta. Cuatro puestos (aunque en esos momentos, sólo vivían los 3 juntos) La “Su”, la madre y él (Oscar). ¿Tú sabes algo?.

-¿De quién viene a cenar?

Mientras tanto, a 4 manzanas de allí, caminaba un hombre alto, de ojos azules y barba de una semana. Como salido de otra época (tanto temporal, como estacional); vestía: bermudas de pinzas caqui, camisa (a juego), calcetines hasta las rodillas y un salacot (con una tela cosida, para proteger la nuca); la extraña indumentaria, era completada con una mochila, colgada del hombro, por una sola cincha.

[Dig-don, dig-don…]

-“Su”, abre la puerta.

-Joer mama, siempre me toca a mí. Y él “otro”?

-Ya lo sabes, en su habitación. Y entre esa música endiablada que pone, y qué estará “viajando” por toda la vía láctea…

[Dig-don, dig-don, dig-don…]

-Voy, voy… -joder, que prisas-

-Papa!!!, ¿y tú aquí?…

-¿Esas son formas de recibir a tú padre, después de 10 años sin vernos?. Ja, ja, ja…

-Te he echado mucho de menos. Estas como la última vez, bueno… por la parte inferior del casque tropical, asoman unas cuantas canas más, ja, ja, ja…

-Me temo qué, no es sólo eso… pero, no sigas.

-Mamaaaaaa!!!, ¿a qué no sabes quién esta aquí?

-¿Quién?

-Ven apuraaaaa.

-Hola Niko, me alegro de verte. ¡¿Qué estoy diciendo?!; ¡¡¡holaaaa cielooo!!!, qué alegría coger el teléfono y escuchar tú voz. La hora qué paso desde tú llamada, se me ha hecho eterna. ¡¡¡POR FIN ESTAS AQUÍ!!!

“Su”, vete a avisar a tú hermano.

-Oscarrrrr, Oscarrrrr… corre baja, Oscarinnnnn!!!; correeeeeeeeee.

-Joderrrrrrr “Su”, ¿que pasa?.

-Apura, baja… vino papa.

-¿Quéeeee?.

-Eso coño, bajaaaaa!!!.

Cuando se había ido la última vez, ella estaba embarazada de Nico, de 5 meses.

-Hola, Niko.

-Hola hijo; no sabes cuanto eh soñado con este momento.

-Mama me dijo que trabajas en Africa, de médico.

-Sí hijo, ahora estoy desplazado en uno de sus principales países, Angola; concretamente en su capital, Luanda.

-.¿..Y en que consiste tú trabajo?

-Oscar, ¿no te suena de la TV lo que esta pasando por allí?; seguro que sí, tú madre me dice que eres muy inteligente, eres uno de los que mejores notas sacas de tú curso. Trato de ayudar a los más necesitados; soy médico sin fronteras.

Formo parte del reten” de naciones unidas. Llevamos 7 años en ese destino. Sí, te digo una cosa… es un trabajo durísimo; y… al mismo tiempo, el más maravilloso con el que se puede soñar; mí mejor “sueldo”, los conatos de sonrisas, en esas caras que tan a menudo sólo se alimentan de esperanzas.

Hay un chico, que será de tú misma edad, en cuyos ojos te puedes dar largos viajes por parajes lejanos. Samuel, Samuel Cayein se llama; es el mayor de sus 3 hermanos; desde hace tiempo, tuvo que asumir el papel de padre y madre.

-Oscarrrr, dile que te enseñe el casqué tropical, veras como moláaaaaa

-¿El qué?

-El salacot, el sombrero joer…

-Ah sí, perdóname por haberme puesto tan transcendental.

-¿Te gusta?, esa tela es para que el sol abrasador que casi siempre hay (más de 50 grados, a la sombra), no te queme la nuca. A tú hermana siempre le ha gusto llamarlo por su nombre en francés.¿Te lo quieres probar?

-Venga, todos a la mesa; se va a enfriar la cena (tercio la madre), ya tendréis tiempo de eso.

Fue una velada especial para todos (pero más para Oscar; que se sentía “raro”). Entre historietas y anécdotas de una y otra parte, se prolongó la velada, hasta bien entrada la noche. Como no podría ser de otra manera, la madre toma la palabra para contarle a Niko el nacimiento de Oscar; ya que, como poco antes del alumbramiento fue desplazado con carácter de urgencia a su anterior destino, ni siquiera pudo asistir al parto.

Desde entonces, sólo le habían llegado unas pocas cartas, y las pocas que recibía solían ser de “la Su”. Como Oscar había sido 7 mesino, su mujer estuvo muy débil unos meses (hasta para escribirle); y luego, ya siguió sólo su princesita (“la Su”) haciéndolo.

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