La historia de la princesita “sin&cera”

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-Buenos días, mí princesa.

– No, no lo son. No sí no os dignáis a mirarme.

Necesito sentir la confianza, no sólo palabras vanas,

es más difícil qué me traicione una mirada.

-Alteza, no soy digno de semejante honor.

-¿Por qué, por tradiciones obsoletas y absurdamente clasistas?,

¿por la suerte del alzar?, o… ¿por ese terrible invento del, estatus social?.

-Supongo qué, es algo de todas esas razones.

-Ninguna de ellas me importa. ¿Acaso, no me creéis?.

-Por supuesto qué sí.

-Os veo cada día, desde qué recuerdo, y…

aun no sé ni siquiera, vuestro nombre real.

Sólo me has dicho el que posees en palacio.

-Me llamo “Servi-chan”, princesa.

-¿Y vós?.

-Sin&cera

-qué significa, vuestro nombre.

-No estoy seguro, pero creó qué… “él qué sirve”.

-Acaso vuestros padres, ¿tampoco tenían esperanzas, para vós?.

-¡Ahí, niña mía!, la esperanza es el lujo más preciado, de los pudientes.

-Dime, Servi-chan. ¿Nunca sueñas?.

-Nunca río, para no llorar.

-¿Entonces… como eres capaz de seguir, de levantarte cada día?.

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